viernes, 18 de junio de 2010

Hoy, los libros están de luto.

Mi libro de la mesilla de noche, el que leo cuando no quiero dormir, llora desconsoladamente y sin remedio. Le he dicho que no pasaba nada pero él, con mirada grave y acusatoria típica de los hijos recientemente huérfanos, me ha dicho, como incriminándome, que cómo era capáz de decir algo asi.
Pobre libro, no podemos juzgarle en su dolor al igual que no podemos juzgar el odio irracional de una madre ante el asesino de su hijo o la de un progenitor delante de la tumba del susodicho. Nos corresponde a los lejanos llorar en alagos al muerto y a los cercanos llorar agua.
Cada vez que coja mi libro lo cojeré con más delicadeza que nunca porque sé que el que llenó el libro está muerto.
La literatura hoy es negra.
Mi libro se llama "el evangelio según Jesucristo" y hace unas horas José Saramago ha muerto.

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