viernes, 19 de noviembre de 2010

Fulana, Megana y Pepito

Si Fulana hacia que todo fuera divertido y que un dia de lluvia te recordara al verano, Mengana te hacia sentir importante a la vez que satisfecho de uno mismo.
Pepito creía esto de ambas dos.
Pepito no creía que fuera nadie sino Pepito, un Pepito mas en este Pepitoworld que parece el mundo no por lo importante que fuera el sino por la cantidad de Pepitos que puedes encontrar.
De lo que sí que se puede estar seguro es que formaban un trio lo menos curioso. Siempre vagaban los tres de grupo en grupo como en pack. Generalmente a nadie le importaba que este trio se les juntase de vez en cuando porque todo el mundo disfrutaba con Fulana y Mengana;Pepito era entrañable.
Un dia, como quien dice, la vida les abrió la puerta y les agarró del cuello de la camisa metiéndoles al mundo competitivo. En estas que Fulana se fué a luchar por sus ideales en sudamérica, Mengana se quedó en Valdemolinos de Arriba trabajando en un alberge para un sindicato y Pepito se fué por Europa.
Pasaron los años y Pepito se sintió cada vez más solo, el David no le miraba con la misma cara de terribilita, la sirenita le daba la espalda, la gioconda se le reia a carcajada en la cara y el pensador de Rodin se levantaba para ir al baño, pero lo peor de todo era que Augusto Prima Porta le señalaba y le decia en un murmullo: "Fulana y Mengana".
Asi que un dia, para variar, fumandose un buen porrito Holandés se levantó corriendo y se fue a la estación con un camarero detrás gritandole.
Cuando llegó a Villatripas del medio (Mengana se cambió de alberge) sintió que una parte de el volvia en sí y predijo que eran inseparables a la vez que intercambiaba con Mengana una larga sesión de Sexoterapia.
Dos meses después cuando la tripa de Mengana empezaba a abultarse ( El cabrito no perdia tiempo) se vió a una pareja saliendo del aeropuerto de Lima para despúes ir a una bonita choza de tres plantas con un ático en el que Falete podria hacer 111 clones y todos cabrian holgadamente y un terrenito de un par de centenas de hectareas, y esque Fulana en lugar de luchar por sus ideales acabó pescando como marido un narco perdidamente enamorado de ella.
Todo parecío solucionarse cuando el bonito trio se sentó en la terracita(Puta terraza mas grande que el patio del Escorial) y se miraron unos a otros dejando de lado toda esa vida que habían vivido aparte y sintiéndose adolescentes beodos y fumetas, sobre todo Pepito, compartiendo el antiguo amor que se profesaban.
Eran los mismos de siempre, eran ellos para ellos y por ellos.
Eran adolescentes.

1 comentario:

  1. Ha sido lo más raro que he leído en toda mi vida,pero de todo lo que te he leído,creo que ha sido lo que más me ha gustado.
    Simplemente genial.

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