"Camina, camina, porque si te paras nunca sabrás que habia más adelante"
Esas eran las palabras que su abuelo nunca dejó de repetirle y que a él mismo le sirvieron como máxima. Y ahora estaba ahí en su funeral con una vasija llena de polvo y cenizas de madera y carne sin saber que decir ni que hacer. Sonrió, hechó las cenizas al viento del precipicio y se guardó un pellizco guardándoselo en una cajita que días mas tarde se colgaría al cuello.
"Asi lo hubiera deseado el, donde yo valla el nunca dejará de caminar"
martes, 6 de julio de 2010
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