jueves, 13 de mayo de 2010

Cuando amanecia (Clases aprovechadas)

El horizonte se viste de rojo mientras miro a la lejania en el porche de mi casita. No tengo preocupaciones ni nada que interrumpa mi mañana. Una solitaria cerveza negra me acompaña en estos instantes. Cuando respiro hondo y capto ese olor a sal marina y a rocío vegetal, no hay preocupaciones ni deudas que pagar.
Solo tengo mi cerveza negra y mi mecedora orientada al este, pero no necesito nada más a excepción de una compañia que me alegre. Supongo que mi perro Kiko soluciona eso. Me mira con esa carita inocentona de beagle inglés mientras me pide a gritos callados que le lanze un palito, me pregunto, un poco sádicamente, si el palito llegase al acantilado saltaría después como alguien persiguiendo un sueño o una realidad fugitiva. Es curioso a lo que se degrada una existencia en estos momentos, pero más curioso es que disfruto lanzando ese palito a Kiko mientras le doy un largo sorbo a mi vaso. Si esto no es el paraíso que alguien me mate, estoy esperando ver algo mejor.
La sencillez de la vida esta bién, pero seamos sinceros, dentro de dos horas comenzará a ser aburrida y eso es una putada, porque solo son las seis.
El resto del dia me lo pasaré en el embarcadero serrando madera para convertirla en kayaks para la población autóctona y turistas. Es mi vida tal cual, y de momento, preocupémonos del amanecer, que lo demás sucederá.

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